El conflicto de lealtades es una putada, ¿sabéis? Un putadón que viven muchos niños. ¿Recordáis cuando erais pequeños y se acercaba el típico o típica imbécil a preguntaros:

¿A quién quieres más, a mamá o a papá?

mientras tus padres te miraban en plan:

Ay, a ver a quién elige mi niño…

 

Y vosotros os hacíais pequeñitos, pequeñitos y no sabíais a quién elegir… os entraba una risa de nerviosismo y terminabais por decir, creyendo haber encontrado la fórmula:

A los dos igual…

 

Y entonces podía ocurrir que el imbécil o la imbécil fuera más imbécil de lo que creíamos y saliera con un:

Eso no puede ser… seguro que quieres más a uno de los dos

 

Pena que en esos momentos no tuviésemos capacidad de haber mandado a esas personas a donde lo haríamos ahora.

Bueno, pues el conflicto de lealtades es esta putadilla elevada a la enésima potencia y, en vez de tener a tus padres de risitas esperando tu respuesta, tenerlos lanzándose rayos láser para ver quién se lleva el gato (o el niño) al agua mientras tú te acuerdas de las barbaridades que dice uno sobre el otro o el otro sobre el uno o el uno y el otro al unísono.

A pesar de lo que supone para los niños, hay padres y madres tontacos que se lo pasan por el arco del triunfo y para ellos va este post.

 

El conflicto de lealtades duele

El conflicto de lealtades es muy doloroso, madres y padres tontacos. Y si vuestro hijo está en un momento en el que el conflicto de lealtades ha sido ya diagnosticado y vosotros seguís erre que erre, os puedo asegurar que el dolor puede ser insoportable.

Por eso, a no ser que seáis tan descerebrados como para querer hacer daño a vuestro hijo a propósito, os invito a que cojáis vuestro ego, hagáis una bolita, os la metáis por el recto y actuéis con coherencia y sensatez. Y si no sabéis, pidáis ayuda, pero no con la intención de que el juez, en el futuro, vea cuál de los dos es mejor o peor, ¡dejad al juez tranquilo, que no es el padre ni la madre del niño!, sino por respeto, amor y responsabilidad para con vuestro hijo.

 

Cosas que una madre/padre tontaco DEBE hacer para hacer MÁS DURO TODAVÍA el conflicto de lealtades

Dar a elegir

Dar a elegir es algo que toda madre/padre tontacos deben hacer para terminar de fastidiar la salud emocional de su hijo. Preguntas como:

¿Con quién prefieres estar?
¿A quién quieres más?
¿Quién hace mejor la comida?

 

y que, a priori, pueden parecer inofensivas, son cuestiones letales para un niño que sufre un conflicto de lealtades.

Los niños no tienen que elegir entre su padre y su madre. Hacerles elegir, posicionarse, mostrar preferencia, es incómodo y doloroso. Y sí, probablemente el hecho de que al niño le gusten más los macarrones del padre que los de la madre, pueda henchir de orgullo al progenitor; o el hecho de que prefiera entrar al médico con la madre que con el padre, pueda henchir de orgullo a la progenitora. Pero se supone que ambos son adultos responsables y deben saber que ese chute de orgullo no compensa el dolor del niño al tener que elegir entre Papá y Mamá.

Por tanto, si quieres herir a tu hijo: dale a elegir.

 

Dar por hecho que el niño no se entera

Esto es otra cosa súper común entre progenitores tontacos: pensar que el niño no se entera porque es pequeño.

Los niños son pequeños, no son tontos. Y, por otro lado, los niños que sufren un conflicto de lealtades están permanentemente alerta a todo lo que ocurre a su alrededor: conversaciones, gestos, etc. Por lo tanto, los niños claro que se enteran, claro que son conscientes de que sus padres se están despellejando y claro que van a actuar en consecuencia. ¿Cómo? Haciéndose pequeñitos, cerrándose sobre sí mismos y sufriendo porque su madre está diciendo cosas horribles de su padre o su padre cosas horribles de su madre.

Por tanto, si quieres herir a tu hijo: puedes seguir creyendo que es pequeño y no se entera.

 

Hacer una competición entre los padres

Ser padres separados es criar cada uno desde su casa, no es estar en una competición permanente para ver quién lo hace mejor y cómo demostrar que el otro/otra es un hijo de todo. Si enfocas así la crianza de tus hijos, lo único que vas a conseguir poner el centro de tus intereses y de tu atención en tu ombligo en vez de en el bienestar e tu hijo.

Que creas que algo sea lo mejor para ti, no significa que sea lo mejor para él. Salirte con la tuya, como si esto fuera una pelea de gallos, no implica que hayas tomado la mejor decisión porque la inteligencia está en la cabeza y no en las tripas (en las tripas lo único que suele haber es mierda). Así que, una vez más, te invito a hacer una bolita con tu ego y metértela por el recto.

Por tanto, si quieres herir a tu hijo: puedes seguir convirtiendo su vida en una competición entre sus padres.

 

Tirar de secretismos

Los secretimos son un must. Mi hijastra, por ejemplo, tiene lo que ella llama “Los secretos de Brujas” y que describe a la perfección la catadura de mi contraria. Por lo que he llegado a saber son secretos relacionados con su padre y que no puede contarnos. Ajá.

Indudablemente, es lo que más necesita un niño con un conflicto de lealtades: que le hagan mantener secretos respecto a la otra parte, o que hagan cosas que no pueda saber bajo ningún concepto el padre y la madre. La madre de mi hijastra, por ejemplo, cada verano la alecciona con un código diferente para saber cómo está durante las llamadas teléfónicas:

 

Si estás malita, ladra…
Di “pío pío” si lo estás pasando mal…
Canta si te están pegando…

 

Así Papá no se enterará de que me estás diciendo cómo te sientes. Esto hace que presencies conversaciones como:

-¿Cómo estás?
-Miauuuu Miauuu
¿Seguro? ¿No será pío pío o guau guau?
-No…
-Ah… como siempre que estás con papá estás guau guau o pío pío…

 

Es entonces cuando te dan ganas de meterle a la señora una piara de cerdos en la boca.

 

Por tanto, si quieres herir a tu hijo: puedes seguir haciendo este tipo de sandeces…

 

Dar por hecho que no puede querer al otro

Este, en mi opinión, es el peor de todos porque, automáticamente, deslegitimas cualquier diagnóstico. En nuestro caso, y a pesar de que el conflicto de lealtades ha sido diagnosticado hasta en cuatro ocasiones por distintos equipos públicos (forense, psicólogo, servicios sociales…), la madre sigue sin aceptar el diagnóstico.

Para ella es totalmente imposible que su hija quiera a su padre. Da igual lo que le expliquen, da igual lo que le digan… no acepta que ella haya dejado de querer a su exmarido, pero su hija le haya hecho la enorme putada de no haber dejado de querer a su padre y que su comportamiento le duela y haga cada vez más profundo el conflicto de lealtades que sufre.

Esto es sencillamente desolador porque se niega a seguir el protocolo de actuación que se ha impuesto, así como recomendaciones, etc. Es más, hace todo lo contario. Ni más ni menos que lo que haría cualquier padre/madre tontaco.

Por tanto, una vez más, si quieres herir a tu hijo: puedes seguir negando que quiera a su padre o a su madre

 

Pues eso, aquí tenéis cinco cosas que tenéis que poner en práctica para hacerle imposible la vida a vuestros hijos. Ahora bien… siempre podéis elegir dejar de miraros el ombligo, levantar la vista y ver que, más allá, ellos tienen una vida que vivir tranquilamente: se llama infancia.