Hola, Gael:

Creemos que hoy es el día en el que has decidido salir al mundo. María, mi amiga, se está convirtiendo en estos momentos en tu mamá. Me cuenta su marido, Gon (tu papá), que lleva más de 48 horas de contracciones. Ayer ella me contaba que estaba muy cansada y anoche, a las 4 de la madrugada, los médicos le dijeron que sí, que estabas decidido a salir. Y ahí estamos todos, espera que te espera.

Quizás de esta mañana no pase que vengas al mundo en Barcelona. Papá y mamá llevan meses preparando tu llegada (desde antes, incluso, de que comenzaras a existir ahí dentro, en ese lugar recóndito y oscuro al que solo hemos tenido acceso por las ecografías y en el que todos hemos estado alguna vez, pero no recordamos). Por eso, porque hace tiempo que te esperan, los dos están felicísimos y supongo que algo nerviosos.

Recuerdo cuando María, mi amiga, tu mamá, nos dio la noticia de que estabas en camino. Lo hizo a través de un grupo de whatsapp (no sé si sabrás qué era whatsapp cuando ya puedas leer y entender esta carta. Era un chat. ¿Sabes qué es un chat? Una conversación en grupo en un dispositivo móvil, ¿sabes qué es…? Bah). El caso es que, mientras hacíamos el canelo contando bobadas, ella irrumpió con una ecografía y dijo: “¡Esto sí que es una noticia!”. Y así fue. Un notición.

En ese momento no tenías nombre, no tenía sexo oficial y solo eras una cosita muy chiquitina, del tamaño de una judía. Pero eras una judiíta gracias a los dos: a María y a Gon. Mis amigos. Mamá y Papá.

En ese momento caí en la cuenta de que, unas semanas antes, había estado en Barcelona, y mientras cenábamos tu madre y yo, y me desahogaba contándole el panorama que tenía (y sigo teniendo), ella me respondía con las palabras de un amor infinito. Y me daba su opinión sobre por qué los adultos teníamos que empezar a querer bien a los hijos, desde la generosidad, en vez de desde el egoísmo; y por qué eso de “Madre solo hay una” se había quedado obsoleto en una sociedad que avanzaba a pasos agigantados en modelos de familias alternativos. Por qué era importante los hombres estuvieran cada vez más implicados en la crianza de sus hijos y exigieran ese derecho. Y por qué una madre y un padre tienen que sentirse felices por el simple hecho de que su hijo sea una persona querida, por cuantas más personas, mejor. (Tu madre reflexiona mucho sobre estas cosas. Es más, se pone a hablar y no para. Descubrirás que es muy muy pesada).

Todo esto me lo decía mientras comíamos unos platos que ella había elegido, y tras cuya preferencia, se escondía una dieta con la que ya estaba cuidando al bebé que llevaba dentro, que eras tú. Pero no solo te estaba cuidando con lo que comía, sino que también te estaba cuidando con las palabras que decía, con sus propósitos y con su visión de la vida y de lo que tiene que ser el amor de unos padres.

No sé, Gael, si habrás salido ya del mundo de María, mi amiga, tu madre. No sé si Gon, mi amigo, tu padre, te habrá recibido ya aquí afuera y te tendrá en sus brazos. Si no es así, espero que no tardes porque tu madre está ya agotada y tu padre debe estar histérico, aunque sonriente porque siempre sonríe (es muy buena gente. Son muy buena gente). Por eso, salgas cuando salgas, espero que salgas contento porque vas a vivir en una familia donde aprenderás qué es querer bien, qué es el respeto y qué son los valores.

Vas a ser afortunado, Gaelillo, porque no todos los niños tienen la suerte de tener un padre y una madre que sepan querer bien; y que sepan querer a sus hijos por lo que son. Créeme. Sobre todo porque, gracias a eso, además de ser un niño feliz, serás un adulto feliz. Y eso es el mejor regalo que pueden hacerte tus padres, además de la vida (porque la vida sin felicidad y amor del bueno, no brilla tanto).

 

Bienvenido Gael. Te estamos esperando. No tardes, niño con suerte.