Cinco dientes van ya y cinco han sido las veces que #SuMadreQueSoyYo ha decido no dejar que la caída del diente de leche siga su curso y ha optado por arrancárselo. Casualmente, todas las veces que lo ha hecho, o bien teníamos que tener nosotros a la niña al día siguiente, o bien tenía que pasar el fin de semana con nosotros.

Hace unos días vino con un colmillo flojo, lo suficientemente flojo como para que se le cayera dos o tres días después, durante el fin de semana. Sin embargo, por ser jueves, y tomando como referencia lo que había ocurrido en ocasiones anteriores, intuí que la próxima vez que la viéramos ya le habría comido el queso al cura. Y así fue.

Se presentó sin su colmillito. Al preguntarle dijo:

 

Me lo ha arrancado mamá. Me dijo que no podía ir al cole así.

 

Me recorrió un escalofrío porque el día de antes, cuando se fue al cole, no estaba el diente para caer inminentemente, ni mucho menos. Por un momento todo me pareció una salvajada. Pero un rato después pensé que mayores salvajadas habíamos pasado ya: tratamientos psicológicos innecesarios, pruebas psiquiátricas a escondidas, exploraciones físicas, aleccionamiento para dibujar a su padre como si fuera un maltratador y pasar “con éxito para la madre” el peritaje forense del juzgado*

Por eso, mirándolo con perspectiva, esto no era tan salvaje. Tan solo un golpe: ¡chas! Un poco de sangre y un diente más para su colección.

 

Coleccionista de dientes de leche

Buscar una razón que justifique este comportamiento (o cualquier otro) es tremendamente difícil para una persona de a pie. Supongo que entrar en una mente de estas características solo es posible para alguien especializado. Para cualquier otro, este es un comportamiento incomprensible.

Sin embargo, eso no quita para que intentemos dar una razón que nos ayude a “justificar” esta actitud porque, no sé si habréis notado, que a veces, cuando encuentras una justificación, las cosas duelen menos. Por eso, ante estas cosas, nos ponemos a buscar justificaciones como locos.

Durante mucho tiempo pensé que esto lo hacía para poder vivir la Visita del Ratoncito Pérez, un momento que siempre genera mucha ilusión porque, aunque luego nosotros también lo hagamos a la noche siguiente, estaréis conmigo en que la parafernalia no es la misma. Para empezar porque no hay diente. Teniendo esto en cuenta entendía lo que debe ser para un padre o una madre perderse esos momentos o tener la sensación de no haberlos vivido. Sin embargo, no entendía que eso fuera suficiente para provocarlo, para arrancar dientes que, claramente, no están para caer de forma inminente.

Ante esto se me plantea la duda de:

¿Qué puede llevarla a hacer cosas así?

 

Y analizando toda la trayectoria (una trayectoria de cuatro años) lo único que me resuelve la incógnita es lo que siempre he pensado:

 

El objetivo de este tipo de personas no es disfrutar de esas vivencias con sus hijos sino evitar que la otra parte disfrute de esas viviencias.

 

Hay un dicho en el que pienso muchas veces que dice:

 

El envidioso no quiere lo que tú tienes, sino que pierdas lo que tienes.

 

Pues esto es igual. Su comportamiento tiene como objetivo dañar a la otra parte, en este caso, evitar que la otra parte pueda disfrutar y compartir ese momento tan especial para todos los padres y madres. Y si para eso tenemos que arrancar un diente, lo hacemos.

Escribo esto pensando qué pensaréis al leerlo porque a veces temo que me toméis por loca. Al fin y al cabo, procesar estas cosas es difícil y, salvo que las estés viviendo, resultan difícilmente creíbles o, por lógica, intentamos buscarle una justificación.

Supongo que, difícilmente, en el imaginario de cualquiera está la posibilidad de que una madre (digo una madre porque se les presupone una bondad infinita para con sus hijos) sea capaz de arrancar los dientes a sus hijos con tal de evitar que se caiga en casa del padre o que este pueda quedarse con uno de ellos o hacer la visita del Ratoncito Pérez.

El otro día, a raíz de un tuit que puse sobre este tema, un chico contaba en Twitter el dolor que sintió cuando a su hija se le cayó uno de los dientes en su casa y llorando intentaba ponérselo de nuevo porque “los dientes solo se le podían caer en casa de mamá”.

Sé que para quien no esté viviendo estas cosas lo que contamos es difícil de creer. Sé que cuando se habla de manipulación infantil, maltrato infantil, interferencia parental o incluso alienación parental, lo único que podemos esperar por parte de mucha gente es que nos manden a la mierda porque estas cosas, supuestamente, no pueden ocurrir o solo los padres pueden dañar a sus hijos, pero las madres jamás.

Pues sí, claro que ocurren. Todos los días. Somos muchas las familias que vivimos esto cada día, ante el desconocimiento general. Es más, además de vivirlo, tenemos que soportar cómo niegan que esto exista, que ocurra… Y, no solo eso, también tenemos que soportar que se tomen medidas políticas para favorecer estos comportamientos, como si nadie quisiera ver lo que está pasando. Barbaridades que solo se acometen cuando quieres hacer creer la tremenda imbecilidad de que la capacidad de dañar de una persona únicamente depende de lo que tenga entre las piernas.

 

Por cierto…

…que su padre no vaya a tener ninguno de sus dientes es algo que a la niña le preocupa. Se siente culpable porque los dientes solo se le caen en casa de mamá. Supongo que no habría sentimiento de culpa alguno si se cayeran de forma natural o ella así lo percibiera.

Sin embargo, tiene la necesidad de justificarse. Es más, muestra una preocupación sincera porque quiere que Papá también tenga algún diente suyo. El otro día le decía:

-Papi, cuando se me caiga el diente más bonito lo voy a guardar y te lo daré.

 

Lo que sientes cuando escuchas estas cosas es una mezcla de pena, tristeza, rabia, dolor, impotencia y asco, que no se puede expresar con palabras.

 

*Peritaje Forense de la Clínica Médico Forense de Madrid que demostró que estaba manipulando a la niña y enseñándole a dibujar a su padre como lo haría una niña maltratada. Peritaje que los Servicios Psicosociales del Juzgado y los Servicios Sociales, casualmente, no consideran tan importante. Todo en orden pues. Sigamos.