Sin lugar a dudas, nuestra Pequeña Dictadora es quien está viviendo el embarazo de forma más intensa. Bien es cierto que llevaba tiempo diciendo que quería tener un hermanito y que a ella los bebés le encantan, pero nunca pensé que tendría esta locura y esta consciencia de lo que es ser la hermana mayor.

Involucrar a mi hijastra en el embarazo ha sido una de nuestras prioridades para intentar evitar celos y demás, y la verdad es que hasta ahora está siendo muy fácil (veremos qué pasa una vez se entere su madre). Es más, diría que me está involucrando más ella a mí que yo a ella jajajaja.

 

Es su hermano

Lo primero que hemos hecho es recalcarle el mensaje:

 

Vas a tener un hermanito

 

Nada de “Mamadrastra está embaraza” o “Mamadrastra va a tener un bebé”… Siempre recalcamos que va a tener un hermano y siempre que hablamos del bebé intentamos aludir a ese vínculo. Por ejemplo: en vez de decir:

 

Cuando nazca el bebé

 

decimos…

 

Cuando nazca tu hermanito

 

Ahora que ya tiene nombre, que es el que ella ha querido, aunque era también el que queríamos nosotros, utilizamos su nombre, pero siempre intentando que la palabra “hermanos” esté presente.

 

Me enseña cómo cuidar un bebé con sus muñecos

Lo primero que hizo cuando le dijimos que iba a tener un hermanito fue decir que teníamos que hacer una fiesta y llevarme a su cuarto para enseñarme cómo se cuida a un bebé (porque sabe que yo no tengo ni idea del tema).

Así es como me ha ido dando clases de cuidados básicos: cambiar un pañal, sacar los gases, limpiar los moquetes… Como tiene un súper kit de cuidados para sus muñecos, ha podido explayarse.

Este juego ha sido muy chulo y muy positivo para reforzar ese sentimiento de cuidado de ella hacia su hermano.

 

Guardiana y custodia de la ropa

Los regalitos los recibe y administra ella. Recepciona el regalo, lo abre, suelta un:

Oyyynnn qué monada… ¡Muchísimas gracias!

que no puede sonar más pijo y más cursi y, acto seguido, lo dobla y lo guarda en su armario.

También hemos montado planazos, como ir a una farmacia a elegir el chupete que a ella le guste, etc. Eso sí, como es una dictatorilla, ahora todos los regalos deben pasar impepinablemente primero por ella. Si no, pide explicaciones.

 

Piel tras piel: una niña pegada a una tripa

Igual que Góngora se refería a Quevedo como “un hombre a una nariz pegado”, mi Pequeña Dictadora es una niña con una oreja a una tripa pegada. Lo primero que hace en cuanto llego a casa es venir, levantarme la camiseta y pegar la oreja para ver si su hermano está despierto. Y yo muevo ligeramente la tripa para que vea que sí. Y entonces me toca la tripa, le da besos, avisa a su padre, da un saltito… y celebra que está despierto. Esto pasa también durante la cena, antes de dormir, nada más despertarse, antes de irse al cole… Sentir a su hermano le encanta, así como hablarle, cantarle o hacerle partícipe a la hora de tomar una decisión y nosotros le animamos a que haga ese “piel tras piel”.

 

Invitada especial en las ecos

Hace unas semanas la llevamos a una eco y fue una de las experiencias más bonitas porque tenía una cara de alucinada que no podía con ella. Además, la ginecóloga le explicaba todo: el corazón, la columna, las piernas… ¡Le encantó!  Estamos deseando que coincida otra vez y que pueda venir con nosotros.

 

Hacemos planes de futuro

Planear es lo que más le gusta: cuando vayan al mismo cole, cuando le llevemos a la guardería, cuando cumpla los años, cuando se manche de papilla y le regañe, cuando se coma la arena de la playa, cuando empiece a hablar y no se le entienda… En fin. Le encanta proyectar situaciones en el futuro y contar cómo serán, qué dirá, qué ocurrirá…

 

En fin… poco a poco estamos intentando que viva con ilusión y naturalidad el proceso y está siendo también un chute para nosotros porque verla así de emocionada hace que lo vivamos más intensamente y que, por ahora, estemos tranquilos sabiendo que ella está bien. Eso sí, si hay algo que ya ha dejado claro que no va a hacer es quitar la caca:

 

Cuando se haga caca y le llegue al cuello, llamamos a Papá.

 

Pues eso, amor… ¡Toda tuya!