Uno de los temas que más me preocupan desde hace tiempo es mantener a nuestro hijo al margen de los conflictos que se generan en casa. La convivencia con mi hijastra no resulta fácil. Los cambios de humor; la información que recibe por parte de su madre; los celillos que siente, en ocasiones, por su hermano; y, en definitiva, las dificultades que tiene para gestionar y regular sus emociones hacen que vivamos situaciones de conflicto que no siempre sabemos abordar como ella necesita. Estamos aprendiendo herramientas para poder ayudarla, pero es lento y difícil.

Más allá de las recomendaciones que nos han dado su psicóloga y el resto de organismos que están interviniendo en nuestro caso y que, sinceramente, no terminan de funcionar, hay algo que me preocupa especialmente: cómo mantener a nuestro hijo al margen. Qué hacer cuando ve cómo su hermana está retando a su padre; qué decirle cuando pregunta:

¿Por qué mi hermana está gritando?

No le digas esas cosas a mamá, que son feas

Papá es bueno, no es malo

La otra mañana discutimos. Quería llevarle a su madre cosas que pertenecen a esta casa; las había escondido en la mochila. Al decirle que no podía hacerlo, se enfadó. Se enfadó de manera desproporcionada. Mientras mi marido gestionaba el asunto, yo trataba de preparar el desayuno con el niño, pero este quería saber qué pasaba; por qué su hermana estaba así.

Fue una situación muy incómoda y, sobre todo, dura. Aunque desde hace unos seis meses hay momentos en los que somos conscientes de que el peque se entera de las cosas más de lo que pensamos, el otro día confirmamos que, efectivamente es así.

Así que ha llegado el momento que me angustiaba tanto: cómo mantenerlo al margen. Evidentemente, no puedo cambiar las cosas; no puedo evitar las explosiones de ira que tiene su hermana; las discusiones; los enfrentamientos… La montaña rusa en la que a veces se convierte nuestro día a día. Pero creo que sí está en mi mano gestionarme a mí misma. Distanciarme todavía más del conflicto. Cerrar los oídos y esperar que pase.

Quizás no pueda evitar que nuestro hijo vea a su hermana gritar; o insultarme; o desautorizar a su padre; pero sí puedo evitar que me vea a mí perdiendo los papeles; sí puedo proporcionarle calma a través de mi conducta; sí puedo explicarle qué podemos hacer cuando nos enfadamos y qué no; sí puedo mostrarle cómo no perder el control ante situaciones de este tipo. Y, supongo, que el tiempo hará el resto.

Hay días muy jodidos.