Muchos de vosotros me habéis preguntado cómo llevo los conflictos con #SuMadreQueSoyYo ahora que estoy embarazada y tengo las hormonas en plena rave. Preguntáis si me da todo igual o si me lo tomo todo más a la tremenda… Pues veréis, es lo segundo, así que he puesto en marcha un protocolo de profilaxis para salir vivos de esta (todos).

 

Cambios de humor con el embarazo

Para ser sinceros, no he experimentado cambios de humor (chungos) en general. Me noto más sensible, lloro por cualquier chorrada que tenga que ver con los niños (o no, porque ayer me puse a llorar con el soniquete de un pasodoble), cualquier problema me afecta el doble… pero siempre en el sentido de ponerme triste y afectada, en ningún momento me he notado irascible salvo en ocasiones muy muy puntuales.

En este sentido está siendo un embarazo muy tranquilo y lineal.

 

#SuMadreQueSoyYo no lo sabe todavía

El embarazo está ya bastante avanzado, pero creemos que #SuMadreQueSoyYo todavía no lo sabe. Igual que al principio pensamos que la peque se lo había dicho, conforme pasan las semanas creemos que no. Esto se debe a que cuando hemos intentado preguntarle sobre el tema (siempre muy sibilinamente), ella se hace la tonta, cambia de conversación o contesta algo que no tiene sentido para desviar la atención.

Eso, unido a que no hemos visto ningún cambio en el comportamiento de la madre y tampoco de la peque, nos hace pensar que simplemente no se lo ha dicho. Algo que, por otro lado, no nos extraña porque nuestra Pequeña Dictadora es más lista que los ratones coloraos y está empezando a aprender a “sobrevivir”. En cualquier caso, queda poco tiempo de paz porque los Servicios Sociales van a contárselo puesto que es algo que afecta a la niña y a partir de ahí van a abrir un protocolo de actuación. Veremos…

 

Al margen de los conflictos con #SuMadreQueSoyYo

Desde que estoy embarazada, mi chico me mantiene totalmente al margen de los conflictos con #SuMadreQueSoyYo. Sé que están ahí, sé en torno a qué giran, pero no estoy al día de las actualizaciones porque, aunque es cierto que no experimento cambios de humor, estoy más sensible y me tomo todo mucho más a pecho.

Además de eso, yo me he propuesto preguntar lo menos posible desde un día que me vi hiperventilando y llorando por la calle por un numerito que había montado la madre en una visita al médico. Me asusté tanto por verme en ese estado que tomé la decisión de blindarme con lo más básico: ojos que no ven, corazón que no siente (porque está claro que, de saberlo, me cuesta controlar las emociones).

 

Racionalizar el sentimiento de culpa 

No preguntar y no querer saber es algo que al principio me generó un conflicto interior y un sentimiento de culpa importantes porque me daba la sensación de que estaba dejando solo o abandonado a mi chico en el campo de batalla. Sobre todo porque siempre he tratado que tenga claro que puede apoyarse en mí y contarme cualquier cosa porque muchas veces a su familia no le cuenta nada para no preocuparles.

Esto me hacía sentir mucho desasosiego, así que tuve que buscar una fórmula para racionalizar este sentimiento de culpa, que no fue otra que intentar encerrar las hormonas en un cajón y anteponer la razón siendo consciente de que esta preocupación y estos disgustos permanentes no benefician en nada al bebé, que ahora mismo debe mi prioridad por mucho que me duelan otras cosas.

¿Qué es lo que me repito cuando tengo este sentimiento de culpa?

  1. Que el hecho de que yo esté al tanto de todo lo que ocurre en el día a día no va a cambiar la situación: los conflictos seguirán siendo los mismos.
  2. Que lo mejor ahora mismo para todos (nosotros cuatro, que somos los más importantes) es que yo esté al margen de estos problemas porque si el estrés de la situación derivase en otro problema, solo empeoraríamos la situación general y sufriríamos un daño que no merecemos.
  3. Que tengo la certeza de que si hay algo importante, me lo va a decir y podré ayudarle.

 

Estar al margen de los conflictos funciona

Sinceramente, he podido comprobar que eso de “Ojos que no ven, corazón que no siente” es totalmente cierto. Aunque ha habido momentos complicados por otro tipo de noticias, creo que estoy viviendo la etapa más tranquila en este sentido desde hace años. Hay días que, por momentos, creo que tenemos una vida normal. Y se está a gustísimo teniendo una vida normal. Luego me “despierto” y veo que no, que él está llevando la carga solo y que para nada lo es, por lo que me siento mal de nuevo, así que echo mano de los tres puntos arriba descritos.

Aunque parezca que lo tengo controlado, lo cierto es que tengo sentimientos encontrados en este sentido permanentemente.

Así que bueno… por ahora así está la cosa. Veremos qué pasa cuando #SuMadreQueSoyYo sepa la noticia y comience el verdadero festival y, además de los problemas que ya tenemos, haya otros problemas giren alrededor de otras cuestiones relacionadas con el embarazo, que es realmente lo que me da miedo. Sé que en ese caso tendré dos posibilidades: o liarme a tortas con la excusa de las hormonas (veré qué tal está la legislación en este tema); o tomármelo con calma y pasar el trago. Seguramente será lo segundo.

O quizás, simplemente esté en ese momento zen del que habláis y en el que te la sopla (con perdón) todo. Veremos…