La confianza en sí misma es una de las asignaturas pendientes de nuestra peque. Unas veces por vaguería y otras veces porque realmente piensa que es así, ella cree que no es capaz de hacer muchas cosas.

En este sentido, ambas familias tenemos dos formas muy distintas de educarla. Mientras que su madre es especialmente protectora, nosotros intentamos que sea más autónoma y tenga confianza en sí misma. Eso es realmente complicado cuando tienes dos casas y a mí, personalmente, me plantea muchos temores. Cuando estás en una situación así se da esa parte perversa de: ¿Y si no quiere estar con nosotros porque tiene que esforzarse? ¿Y si se siente desprotegida y nos rechaza? Sé que son temores absurdos, pero son inevitables.

Independientemente de eso, su falta de autoestima es notoria. Cree que  no sabe hacer nada, que no puede, que no es capaz de hacerlo sin ayuda, que siempre está malita… Cuando sabemos que no es así. Por tanto, nosotros tratamos de darle las herramientas que le permitan hacer las cosas por ella misma y cuando lo conseguimos es fantástico porque ella se siente mejor. Sin embargo, no siempre es posible.

Por este motivo decidí escribirle este cuento personalizado e, independientemente de la sobreprotección que tenga en la otra casa, este año nos centraremos en darle herramientas de superación. Aunque parezca una tontería, aprender a patinar ha sido un chute de energía para ella. Le ha dado fuerza y empuje, ha reducido sus miedos (al principio muy temerosa) y ahora sabe que ha podido aprender y muy bien, además. Le ha dado, en definitiva, autonomía y confianza en sí misma.

He de decir que este cuento todavía no se lo hemos leído. Lleva meses maquetado y sufriendo cambios en el argumento. He tenido que ajustarlo varias veces a su comprensión conceptual (tanto su padre como yo hemos pensado siempre que hablaba de conceptos algo abstractos, por lo que lo hemos ido ajustando). En cuanto pase esta temporada de regalos y vuelva todo a la normalidad se lo daremos y empezaremos a leerlo. Ya os contaré qué tal.

Espero que os guste y si decidís leérselo a vuestros peques, por favor, decidme qué tal os va. Yo creo que puede funcionar y puede ayudarles a enfrentarse a esos miedos y entender lo que es la autoestima y lo que supone perder la confianza en uno mismo. ¡Vamos allá!

 

La Niña Menguante y la escalera mágica

En una ocasión conocí a una niña que pasó a la historia como La Niña Menguante. Todo comenzó cuando esta niñita empezó a creer que todo lo que hacía lo hacía mal. Creía que no era capaz de leer como sus compañeros, no era capaz de hacer dibujos igual de bonitos, ¡ni saltar tan alto como ellos! Incluso llegó a pensar que no sabía hacer las cosas y que siempre estaba malita.

Sin embargo, sí era capaz de hacerlo y no estaba malita, pero ella lo pensó tantas tantas veces que terminó creyéndoselo. Así fue como su corazón comenzó a sentirse cada vez más triste y a latir más despacito.

¿Y qué pasa cuando el corazón late despacio y se entristece profundamente?

 

¡Que nos hacemos pequeñitos!

 

Por eso, un día, esta niña fue a levantarse de la cama como todos los días y ¡pum! cayó al suelo.

Cuando se levantó y miró hacia arriba, vio que todo lo que la rodeaba era enoooorme. Su cama era altísima y ya no podía subirse a ella de un salto. El corazón de su osito Cardio era ahora tan grande y pesaba tanto que no podía volvérselo a colocar en su pecho.

Su pijama ahora le quedaba enorme, tan enorme que se perdía en él. Es más, se había hecho tan chiquitita, que sin darse cuenta, se metió en su zapatilla y no podía salir.

Viendo que se había hecho tan diminuta, llamó a su papá todo lo alto que pudo:

¡Paaaaaaapiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!

Su papá se levantó corriendo de la cama y fue a su habitación, pero no conseguía verla:

-¿Dónde estás, bonita?

-Aquiiiií, aquiiiií abajo. ¡Encima de tu pie!

-¡¿Pero qué te ha pasado?!

-No sé, me he despertado y ya era así de pequeña.

 

Su Papá, que quería mucho a esta niña, estudió todos los libros del mundo en busca de una explicación. Y así fue como uno de ellos le dio la respuesta:

Claro, eso es lo que había ocurrido. La niña pensaba continuamente que no sabía hacer las cosas bien y que siempre estaba malita y se había hecho pequeñita.

Por ese motivo, su papá cogió un mapa,  metió a su hijita en el bolsillo de su camisa, al ladito de su corazón, y juntos iniciaron un viaje para que la niña pudiera recobrar su estatura. Anduvieron y anduvieron hasta que la Niña Menguante y su papá llegaron al lugar donde estaba la escalera mágica y allí encontraron un cartel que decía:

Cada vez que subas un escalón crecerás un montón

 

Su papá le dijo:

-Claro que puedes hacerlo y no estás malita porque hemos llegado hasta aquí. CONFÍA EN TI MISMA y busca algo que te ayude a subir.

La niña miró a su alrededor y encontró una silla y una mesa, y con la silla fue capaz de subir a la mesa y, desde ahí, subir el primer escalón.

Tan feliz se puso al haberlo conseguido que su corazón dio un salto de alegría y, por subir el primer escalón, creció un montón. Pero seguía siendo pequeñita. Por ello, fue a por el segundo peldaño, donde encontró otro letrero.

Subir tú solita

 

La niña miró a su alrededor y vio otra silla. Como ya era más alta que antes, se subió en ella y, sin necesidad de una mesa, dio un salto y… ¡PLAS! SUBIÓ EL SEGUNDO ESCALÓN. 

 

 

Por ello, sin que su papá le dijera nada, miró a su alrededor y no vio ni sillas ni mesas, pero vio unos cuantos cuentos. Puso uno encima de otro y así fue como ella sola se encaramó en ellos y consiguió subir el tercer escalón.

 

Nada más poner el pie en el nuevo peldaño la niña volvió a crecer otro montón y, viendo que ya era casi tan alta como siempre, se dispuso a enfrentarse al último escalón, el más alto de todos y en el que encontró un cartel enorme.

Subir tú solita sin mesas, sin cuentos y sin sillas

 

-¿Cómo voy a ser capaz de subir sin la ayuda de nada?-pensó la niña.

Así fue como la niña, que sabía que era capaz de hacer todo lo que se propusiera, empezó a buscar la manera de subir el último escalón y lo consiguió fácilmente porque ya había crecido lo suficiente como para, con un poquito de esfuerzo, subir de un salto ella misma. Al subir el último escalón creció tantísimo y su corazón se puso tan feliz que pudo gritar con todas sus fuerzas y llamar a papá:

 

Al verla todavía más alta que antes, su papá se puso muy feliz y le dijo:

-A partir de ahora recuerda dos cosas: 

 Una: Siempre tienes que confiar en ti misma porque eres capaz de hacer muchas cosas y muy bien

Dos: Estoy muy orgulloso de ti porque has confiado en ti misma. 

 

La niña y su papá volvieron a casa felices y contentos.

Y, cuenta la historia, que desde entonces esta niña nunca más volvió a pensar que no era capaz de hacer algo y, por lo tanto, nunca más volvió a hacerse pequeñita, todo lo contrario.

Siguió creciendo y creciendo… hasta convertirse en una mujer muy valiente y decidida que siempre confió en sí misma.

Sin Fin

 

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