Hoy empiezo a compartir los cuentos personalizados que he hecho para la peque y de los que os hablé hace unos días. Voy a empezar por el segundo cronológicamente, porque el primero es un libro sobre su nombre y, como ya sabéis, no querríamos dar demasiados datos de la niña.

Historia de este cuento personalizado 

El cuento de hoy se titula: Krispis, el monstuo que se cayó de una estrellita y lo escribí después de que descubriésemos en un informe forense del juzgado que #SuMadreQueSoyYo le daba pautas para que dibujara a su padre como un monstruo y conforme lo dibujaría una niña que estuviera sufriendo maltrato. Por esto decidí escribirle este cuento, en el que intenté describir a los monstruos de forma que ella viera que papá no era un monstruo (aunque ninguno de los dos son malos).

El cuento le fascinó y todavía hoy lo elige muchas noches para que se lo leamos. En parte porque hay un momento en el que Krispis se hace daño en el culete y eso hace que se parta de la risa (estamos en esa fase en la que palabras como caca, culete o pedo son un festival del humor).

El cuento que comparto aquí no es el original porque, para mantener el anonimato de la niña, he cambiado algunos detalles, pero sigue siendo el mismo. De hecho, he intentado integrar páginas originales en el relato. ¡Espero que lo disfrutéis!

 

Krispis, el monstruo que se cayó de una estrellita

He oído hablar de un planeta muy lejano, tan lejano que para llegar a él tendríamos que ir más allá de la luna y saltar cinco estrellitas. Está habitado por monstruos, y en él viven felices y contentos porque allí pueden hacer todo lo que les gusta.

Sin embargo, no siempre ha sido así porque en una ocasión ocurrió algo muy triste en este planeta…

Uno de estos monstruos se llamaba Krispis y siempre dormía en la puntita de una estrella. Un buen día, mientras dormía, se dio la vuelta en su estrellita, perdió el equilibrio y… ¡Pum! Cayó al vacío.

Durante unos minutos estuvo cayendo, gritando y pidiendo auxilio. Y, aunque las estrellas y las nubes le tiraron los hilitos que las sostienen en el cielo para que se sujetara a ellos, no pudieron ayudarle. Así fue como, sin darse cuenta, Krispis cayó en el planeta Tierra.

Cuando consiguió recuperarse del golpe, porque le dolía un poquito el culete, comenzó a andar sin rumbo en busca de un niño o una niña que le ayudara a volver a casa… Pero como era de noche, todos los niños estaban dormidos.

 

La búsqueda de Krispis

Al día siguiente, la familia de Krispis, que estaba preocupada por su ausencia, envió un pajarito a buscarlo. Éste preguntó a todos los animalitos del bosque, a todos los bichitos que encontró en su camino… Buscó entre todas las flores. ¡Hasta miró debajo de las setas y preguntó a los gnomos que viven en ellas! Pero nadie había visto a Krispis… No le sorprendió, sin embargo, porque este pajarito sabía que a los monstruos solo pueden verlos los niños.

Mientras volaba, se encontró con una niña y su papá que jugaban a la pelota. Muy triste les preguntó si habían visto al monstruo.

 

cuento personalizado

 

 

Los monstruos -dijo el pajarito- son muy grandes y de muchísimos colores. Tienen el cuerpo lleno de pelo muy suave y no saben dar besitos  porque, a veces, tienen los dientes muy muy largos. ¡Tan largos que les llegan casi hasta los pies! Tampoco pueden dar abracitos porque tienen los brazos muy cortos. Lloran con mucha facilidad porque, como los niños piensan que  son malos, no quieren ser sus amigos y se ponen tristes. ¡Y a veces son muy desobedientes y comen con las manos sucias! 

-Pues me temo que no conozco a ningún monstruo –dijo la niña-. ¿Y cómo se llama?

-Krispis. ¿Me ayudáis a buscarlo? 

 

La niña y su papá ayudaron al pajarito a buscar a Krispis. Y durante toda la mañana  buscaron y buscaron sin descanso. Buscaron en los columpios, en los parques de alrededor de casa, ¡hasta en la piscina de papá! Pero no lo vieron…

También preguntaron a quienes tenían alrededor.

Primero preguntaron a los ositos de peluche de la niña…

-¿Habéis visto un monstruo, peluches?

-¿Cómo es un monstruo?

-Un monstruo es muy muy grande y muy gordo, con mucho pelo de colores y no puede dar besitos porque tiene unos colmillos larguisísisisimos.

-Pues no, no conocemos a nadie que no dé besitos ni abracitos. Además, nosotros no podemos verle porque somos ositos.

 

Después preguntaron su amigo invisible…

…y como siempre, su amigo invisible estaba equivocado…

-¿Has visto al monstruo, Niño Equivocado?

-¡Monstruos! NOooOOOooooOOOooo ¡Los monstruos son malos!

-Los monstruos no son malos, son buenos. Además, son muy grandes y tienen el pelo de muchísimos colores.

 

Tras esto, preguntaron a sus abuelitos…

…pero ni la abuelita ni el abuelito habían visto a Krispis porque ellos ya eran mayores y a los monstruos solo pueden verlos los niños.

No obstante, como eran muy buenos y querían a su nietita hasta el infinito y más allá, se unieron a la búsqueda y empezaron a preguntar a todos los niños que conocían.

Tras mucho buscar y no entrar nada, todos decidieron volver a casa. Se sentían muy tristes, pero, de repente, la niña vio algo sentado en la marquesina del autobús. Era muy muy muy grande, lo más grande que había visto jamás; y muy muy regordete. Tenía un ojo más grande y más alto que otro; ¡y dos dientes que se le veían incluso con la boca cerrada! Su pelo era largo larguísimo y azul azulísimo; y lo más importante: ni su papá ni sus abuelitos podían verlo. ¡¡¿¿Sería Krispis??!!

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-¿Eres Krispis? -preguntó la niña.

-¡Sí! ¿Cómo lo sabes?

-Porque ya sé cómo son los monstruos y eres el único monstruo que veo por aquí.

-No puedo volver a casa porque los niños tienen miedo de mí. ¿Tú no tienes miedo?

-No, porque soy muy valiente y porque mi papá, que es muy bueno y muy fuerte, ¡te tiraría a la basura si intentaras hacerme algo malo!

-¿Y me podéis ayudar tú, tu papá y tus abuelitos a volver a casa?

-¡Claro que sí!

 

La vuelta de Krispis a su planeta

La niña cogió un chicle de fresa que guardaba en el bolsillo y lo compartió con Krispis para que se le  pasara el disgusto. Mientras tanto, su papá fue a buscar un autobús gigante para que pudiera viajar un monstruo tan enorme. Y los abuelitos construyeron unas alas enormes y preciosas hechas de cristal y polvo de estrellas para que el autobús pudiera volar alto y lejos y llevarle de vuelta a su planeta.

Ya en el aire, Krispis se  asomó por una ventana del autobús y le dijo a la niña:

¡¡Recuerda que los monstruos somos amigos de los niños!!

Así fue como Krispis volvió en el autobús con alas a su planeta lejano, cerca de su familia y sus amigos. Y, desde aquel día, ni Krispis ni ningún otro monstruo de su planeta tienen miedo a caerse de una estrellita porque saben que…

Esta niña…

que es muy lista y valiente…

ya sabe cómo son los monstruos.

Y como no les tiene miedo,

podrá encontrarlos rápidamente

y ayudarles a volver felices a casa.

 

Sin fin.

 

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