Seguimos con los cuentos personalizados. El de hoy fue el tercero que le escribí. Sabíamos que su madre no hablaba muy bien del padre delante de la niña. Ella nos contaba algunas cosas, pero sin demasiado detalle (esta niña ha sido siempre muy lista). Además, le hablaba mal igualmente delante de nosotros, por lo que no nos cabía duda alguna. También detectamos cambios de humor extraños y comportamientos muy raros cada vez que volvía de pasar un fin de semana con ella.

Siempre he dicho que esta situación es muy complicada para todos, pero los adultos tenemos herramientas para gestionarla. Sin embargo, los niños no. Por eso decidí escribir este cuento para darle herramientas que le ayudaran a gestionar la situación que estaba viviendo en casa de la madre y para ayudarle a gestionar esos sentimientos tan contradictorios que experimentaba.

Este cuento le encanta porque interactúa mucho con el padre y yo creo que le aporta seguridad y respuestas. Además, un día ocurrió algo muy curioso. Desde el principio le encantó y, como veréis, no se señala a nadie directamente. Pero tras leérselo decenas de noches, un día, por inercia cambié la historia y dije:

-Una señora le había dicho que su papá era malo y no la quería.

-¡No! Fue un señor -me dijo enfadadísima.

-No… fue una señora -seguí, extrañada por su reacción.

-No, es un señor porque si fuera una señora, entonces sería mamá.

Claramente necesitaba este cuento.

 

Cuento personalizado: Pizkita y el Hada Pizpireta

Érase una vez Pizkita, una niña que siempre estaba muy feliz y le encantaba saltar y jugar con los animalitos. Un día, sin embargo, se puso muy triste y enfadada y nadie sabía por qué. Su papá, muy preocupado, le preguntó qué le ocurría y Pizkita (que no entendía muy bien lo que sentía) intentó explicárselo.

Alguien le había dicho que su papá era malo y no la quería. Y ella se sentía triste porque pensaba que eso era cierto. También sentía algo muy raro que le subía por el estómago y que le hacía enfadarse mucho mucho…

 

Pero su papá, que quería muchísimo a Pizkita y siempre hacía todo lo posible para que fuera la niña más feliz del mundo, llamó al hada Pizpireta para resolver el problema.

PizpiretaaaaaaaaAAAAAAAAAAaaaaaaaaaAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA

Pizpireta llegó volando, atravesando un arcoíris de algodones de colores, y empezó a revolotear con una voz un pelín chillona:

-A ver, a ver, ¡que alguien me diga qué ocurre aquí! ¿Qué ocurre, Pizkita?

-Me han dicho que mi papá es malo y no me quiere y me siento muy triste y estoy muy muy enfadada. ¡Y no quiero hablar con él nunca más ni nada!

-¿Pero tú crees que papá es malo? -preguntó el hada sorprendida.

-No, papá es muy bueno y me dice que me quiere hasta el infinito y más allá. Además, me cuida mucho y lo pasamos muy bien. ¡Pero estoy muy enfadada! -dijo de nuevo frunciendo las cejitas.

-Ya entiendo… -dijo el hada-. Bueno, pues vamos a solucionarlo rápidamente

El hada, que por ser un hada lo sabe todo, incluso lo que no sabe nadie más en el mundo, sabía que el papá de esta niña era muy bueno y la quería por encima de todas las cosas.

Por eso le dijo a la niña:

-Te daré dos poderes muy poderosos que podrás utilizar la próxima vez que alguien te diga algo malo de papá. Escucha bien con esas orejas porque son poderes tan poderosísimos que solo puedo dárselos a las niñas mayores y que siempre dicen la verdad.

 

Poder número 1

La próxima vez que alguien te diga algo malo de papá, tienes que extender las manitas y decir:

 

“¡No! Papá es muy bueno y me quiere mucho y a los niños no se les dicen cosas malas de sus papás!”

 

Y explicarle por qué te molesta y te duele que te digan esas cosas porque quizás ellos no lo sepan.

 

Poder número 2

Tendrás que llamarme para que pueda ir atravesando mi arcoíris de colores para tocarte con mi varita mágica y quitarte el enfado. Pero si no puedo ir porque estoy quitándole los enfados a otros niños tendrás que hacer lo siguiente:

 

A partir de entonces Pizkita utilizó los poderes que le había dado el Hada Pizpireta para que ya no le doliera que le dijeran cosas malas de su papá. Y estos poderes llegaron a ser tan poderosos y ella lo hizo tan bien que quienes le decían esas cosas comprendieron que a ella no le gustaba y nunca más se lo volvieron a decir.

Pizkita volvió a ser la niña más feliz y más contenta del mundo porque sabía que su papá que es el más bueno (y el más guapo) de todos los papás la quiere hasta el infinito y más allá (más allá de donde habitan las hadas)…

 

 

 

¿Resultados?

Espero que os haya gustado y os sirva. La verdad es que desconocemos si ella puso en práctica los consejos, pero lo que sí sabemos es que se lo pasa bomba dándole abrazos a su padre, gritando que le quiere (en bajito para no despertar a los vecinos) y dándole besos cuando se lo leemos. Y también sabemos que cada vez está mejor, más feliz y más contenta. Y, desde luego, que sabe que su padre la quiere a rabiar (y ella a él).

En unos días publicaré el próximo cuento personalizado: “La niña menguante y la escalera mágica”, que se lo he escrito para que adquiera confianza en sí misma.

Aquí os dejo otros cuentos personalizados: