Antes de nada, ¡Feliz Año! Espero que hayáis pasado unos días estupendos. Siento haber estado desconectada del blog estas dos últimas semanas. El año pasado escribí más, pero este año necesitaba desconectar de la temática madrastril y que me cuidaran mi madre y mi padre, que también los tengo y últimamente me miman demasiado.

La verdad es que no esperé retomar el blog contándoos esta aventura, pero me ha parecido tan surrealista que creo que es lo que debe estrenar el año por ser fiel reflejo del surrealismo en el que vivimos desde hace tiempo.

Como sabéis, las vacaciones son épocas de intercambios. En nuestro caso, Navidad es especialmente liosa porque hay que garantizar que la peque pase con su padre y su madre, no solo la mitad del tiempo, sino las fechas señaladas. Una vez finaliza el periodo vacacional hay que reintegrarla con su madre para que sea ella quien la lleve a clase el primer día.

Bueno, pues ayer, cuando fuimos a llevarla, vivimos una situación que me hizo pensar por un momento que #SuMadreQueSoyYo era Gila y que lo que estaba viendo no estaba ocurriendo. Después de varios intercambios estas navidades en los que ha puesto toda la carne en el asador, como bañar a la niña y cambiarla de ropa para que no huela a nosotros durante las horas que esté con ella, quedarse ropa nuestra y devolverla sin camiseta, etc. ayer dio la estocada con un momento que pasará a la historia.

 

El día que #SMQSY se convirtió en un sketch de Gila

Llegamos a tierra enemiga como siempre, en coche. Aparcamos frente a la puerta de la casa y, al contrario que habitualmente, la madre de la criatura no estaba en la puerta. Respiré aliviada porque eso significaba que no habría un show delante del conserje, por lo que no haría falta que nos fuésemos a casa entre gritos y alaridos de madre coraje.

Pero cuál fue nuestra sorpresa cuando, al bajar del coche, a unos 50 metros, entre unos matorrales, oímos un ruido y vimos un movimiento brusco. Si hubiera estado en mi pueblo hubiera pensado que era un zorro o un jabalí, pero estando en pleno Madrid esa posibilidad no era factible. ¿Un gato, quizás? ¿Un gato grande? Porque para hacer ese ruido…

He de reconocer que mi intriga duró poco porque enseguida se encendió una luz. Me quedé picueta. Avanzábamos hacia la puerta viendo como, tras los matorrales, había una luz que apuntaba directamente hacia mi persona, como dice Isabel Pantoja cuando está en un plató. Mi chico me miraba con cara de incredulidad y yo a él también porque no podíamos creer que lo que estábamos viendo fuera real, pero sí:

 

#SMQSY estaba escondida entre los matorrales grabando nuestra llegada y, supongo que al ver que era de noche, creyó conveniente encender el flash.

 

En cuestión de segundos la escena cambió provocada por un impulso de mi chico, quien no dudó en saludar a la cámara.

 

¡Hola! Ya estamos aquí

 

Tras mi sonrisa zen de ni frío ni calor, me orinaba viva de risa. Me despedí y me quedé a unos metros, mientras mi chico llamaba al timbre y #SMQSY salía del matorral disimuladamente (aunque haciendo el ruido de un zorro o un jabalí en plena huida) y fingía que ya estaba bajando al portal. Nada más abrir la puerta de la urbanización destapó pack de gritos, alborotos y llantos que harían pensar que estaba en el plató de Sorpresa Sorpresa y veía a su hija por primera vez tras 28 años, cuando en realidad, la había visto por última vez hacía menos de 24 horas.

Nos fuimos sin dar crédito a lo que había pasado y rememorando otras actuaciones estelares que ha tenido en este mismo intercambio años atrás: por ejemplo, cuando se lio a patadas y golpes con mi coche, cuando se arrodilló como la dolorosa para recibirla, o los intercambios de llorimadre que ha tenido en fechas señaladas… En fin.

El caso es que no pude evitar acordarme de Gila, al teléfono, con su casco cubierto de matorral y diciendo:

 

-¿Está el enemigo? Que se ponga.

 

No me cabe duda que, si hubiera habido móviles, se habría escondido en la trinchera con el flash.

 

¡Feliz Año!