Se nos mueve el primer diente y ya estamos preparando todo para la llegada del Ratoncito Pérez. Hace unos días lloraba por los rincones porque le hemos dicho adiós a su lengua de trapo, y resulta que pasamos a la siguiente fase: cambiar los dientes de leche.

La verdad es que nuestra pequeña Rottenmeier está contentísima. Yo tenía miedo porque es un pelín aprensiva y pensé que esto iba a ser una locura, pero lo cierto es que lo está llevando fenomenal. Ya le asoma el diente de repuesto, el diente más bonito y más descolocado que he visto en mi vida, dicho sea de paso. Veremos cómo se desenreda esto…

 

Una casita para el Ratoncito Pérez

Que el Ratoncito Pérez tiene una casita es algo que he descubierto recientemente. Cuando a mí se me cayeron los dientes no pusimos ni casita ni nada. Tan solo dejé el diente debajo de la almohada y, al día siguiente, tenía veinte duros (sesenta céntimos, por si hay algún millennial de la última oleada leyendo). Sin embargo, resulta que no, que al Ratoncito Pérez hay que construirle una casa para que sepa por dónde entrar al dormitorio.

Nosotros decidimos hacerla con ella. Utilizamos palitos de colores que habíamos comprado hacía meses en los chinos (los chinos han sido un descubrimiento brutal. Algún día hablaré de eso) y que estaban pululando de un sitio a otro. También reutilizamos estrellas que  teníamos hechas con goma eva y que nos habían sobrado de un disfraz. La puerta la hicimos con un trocito de fieltro que encontramos perdido y el pomo con una cuenta de una pulsera.

Es muy casera y muy Punky Brewster, pero ya la tenemos preparada (con un ratón, un quesito y unas flores de lavanda que hemos cogido de la urbanización) para cuando se nos caiga el diente.

Un Ratoncito Pérez en dos casas

Sin embargo, este Ratoncito Pérez va a tener que hacer magia porque tiene dos casas para cada uno de los dientes, lo que a la peque le está generando un conflicto interno. Supongo que el conflicto no ha surgido espontáneamente de ella a juzgar por sus reacciones. El otro día nos sorprendió con un chantaje que no esperábamos. Bien es cierto que suele usar la coletilla de “pues en casa de mamá…” para conseguir lo que pretende, tiro que le suele salir por la culata. Sin embargo, el otro día nos sorprendió que nos chantajeara con decirle al Ratoncito Pérez que se le cayera el diente en casa de mamá:

-No importa. El diente se caerá cuando él quiera caerse y el Ratoncito Pérez irá a las dos casas -contestó su padre.

La niña se quedó perpleja. “¿Cómo que a las dos casas? ¿En serio? ¡No me han dicho eso…!”, tenía cara de pensar. Sin embargo, al día  siguiente seguía con el runrún:

-¿Si se me caen todos los dientes aquí le vais a dar la mitad a mamá? -me preguntó.

-Tienes muchos dientes y se te caerán en las dos casas, seguro, así que no te preocupes por eso. Mamá tendrá unos diente y papá otros.

Está claro que ese tema le preocupa,  así que veremos cómo va evolucionando. Por ahora a nosotros lo que nos preocupa es que le salgan bien y no haya complicaciones para no tener que enfrentarnos un dentista con #SuMadreQueSoyYo (porque si ponerse de acuerdo para ver quién compra un libro es completamente imposible, no me quiero  imaginar algo así). Por ahora nos hemos encomendado a Santa Apolonia, patrona de los dentistas; San Antón, patrón de los animales; y San Juan Bosco, patrón de los magos. ¿Cómo ha sido vuestra experiencia con este tema?