Desde que hace unos días compartiera uno de los cuentos personalizados, me están llegando muchísimos correos y mensajes de gente que me pregunta cómo abordar ciertas preguntas de los niños o ciertas situaciones de manipulación infantil, todas relacionadas con esa frase tan familiar: Mamá dice que…

Sinceramente, no sé qué contestar porque yo no soy psicóloga ni especialista en estos temas. Es más, la mayor parte de las veces no sé qué contestar siquiera cuando es la peque la que nos dice estas cosas. Por eso no me atrevo a responder con consejos porque entiendo que cada caso, cada niño o cada entorno es distinto.

El cuento de Krispis, el monstruo que se cayó de una estrellita surgió tras reflexionar sobre lo que había pasado. En este caso su madre le decía que papá era un monstruo y le daba pautas para dibujarlo como tal. No sé qué hubiera contestado si la niña me hubiese dicho: Mamá dice que papá es un monstruo.

Sin embargo, en muchas ocasiones hemos tenido que enfrentarnos a cuestiones de este tipo y, poco a poco, hemos ido aprendiendo qué es lo que deja a la niña más tranquila. Ha sido una cuestión de prueba y error, pero con el paso del tiempo y paciencia hemos ido encontrando lo que a ella le funciona. Por eso hoy voy a tratar este tema, pero dejando claro que esto, como siempre, es nuestra experiencia y que no son consejos, solo comparto con vosotros lo que a nosotros nos sirve.

 

Nuestra primera vez con el “Mamá dice que…”

Cada vez que oigo “Mamá dice qué…” voy directa a activar la grabadora del móvil. Es un acto reflejo, no lo puedo evitar. Supongo que es normal después de haber oído tantas barbaridades, barbaridades que luego nadie cree a no ser que las oigan (porque ya sabemos que para algunas personas la maternidad llega llena de una saco de principios morales intachables y creemos que es imposible que, en este caso una madre, diga y haga ciertas cosas).

Recuerdo la primera vez que nos enfrentamos a una situación así. La niña tenía cuatro años. Yo estaba en casa y sonó el teléfono. Era mi chico. No le salía casi la voz de la garganta. Recuerdo que me dijo algo así como que me llamaban porque la niña quería contarme una cosa que le había dicho mamá, a ver qué opinaba yo. Acto seguido la niña me dijo:

-Mi mamá dice que cuando yo era pequeñita papá me tiró un plato a la cabeza y me hizo mucho daño.

Me quedé helada. Mi reacción, obviamente, fue decirle que no, que papá nunca había hecho eso, pero ella entró en bucle diciendo que su mamá no mentía y que era verdad. Le dije que quizás mamá estuviera equivocada y no lo recordara bien. Ella insistió en que no, en que su mamá nunca se equivocaba y que es así porque lo dice mamá” y “mi mamá no dice mentiras”. No importaba lo que su padre o yo dijésemos porque mamá siempre decía la verdad.

Optamos por terminar la conversación y no reforzar su discurso. Recuerdo que colgué y me puse a llorar sin saber qué hacer y descompuesta por pensar cómo estaría su padre. ¿Qué se le tenía que decir a un niño en ese momento? Me sentí muy mal y muy desorientada.

 

Qué hacemos y qué no hacemos

Ha pasado un año y pico y estas situaciones las hemos vuelto a tener en alguna ocasión. Responder ante este tipo de cosas es muy complejo cuando quien tienes enfrente es una niña de cuatro o cinco años que, a su vez, tiene detrás a una persona absolutamente desnortada. Sientes impotencia aunque sabes que es normal que confíe en su madre, ¿qué niño no confía en su madre? Lo que no entiendes es por qué confiar en su madre implica que no tenga que confiar en lo que le dice su padre. Y, sobre todo, tampoco entiendes qué gana su madre diciéndole esas cosas cuando solo le produce dolor.

Sin embargo, a lo largo de este tiempo hemos ido comprobando lo que le hace sentir bien y lo que no; o dicho de otro modo: lo que funciona y lo que no funciona para amortiguar el daño.

Cosas que no funcionan

  • Decirle que no es verdad: Para ella su madre siempre dice la verdad. Nunca miente. Eso es un mantra que repite una y otra vez sin descanso. Decirle que no es cierto es lo primero que haces de forma instintiva, pero en nuestro caso no funciona. Es más, ella refuerza su mensaje y se enfada porque lo entiende como un ataque a su madre. “Eso es así porque lo dice mamá”. No hay más que hablar.

 

  • Decirle que su madre está equivocada: Ocurre exactamente lo mismo. “Mamá nunca se equivoca”, “Si mamá lo dice es porque es verdad”. La fe que tiene en su madre es ciega y no sirve de nada contrarrestar por esa vía. Solo conseguimos que se enfade.

 

  • Cortar la conversación, desviarla o decirle que ya lo hablaremos cuando sea mayor: Esto fue lo que hicimos la primera vez y lo único que conseguimos fue que ella se quedara con el mensaje que le había dado su madre y que era un mensaje que,  claramente, era doloroso para la niña.

 

  • Preguntarle si lo recuerda: esto lo hemos hecho en alguna ocasión. Ella dice que sí y, a continuación, le pedimos que nos explique cómo fue. Entonces nos dice que no se acuerda en ese momento y vuelve al punto número uno: “Es así porque lo dice mamá y mamá no miente”.

Cosas que funcionan

  • Transmitirle los sentimientos de su padre: En vez de decirle que lo que dice mamá no es cierto, le decimos que papá no sería capaz de hacer eso. Y le explicamos los sentimientos de papá hacia ella: cuánto la quiere, lo importante que es para él y lo doloroso que sería para él hacerle algo así.

 

  • Apelar a sus sentimientos: esto no lo hemos hecho todavía, pero nos lo ha recomendado una amiga psicóloga. Nos ha dicho que le preguntemos: ¿Tú crees que papá sería capaz de hacer eso? ¿Tú crees que serías capaz de pegar a alguien a quien quieres mucho mucho? Nos ha dicho que, de este modo, los niños que están sometidos a esta situación ponen orden en su cabeza y comienzan a comprender de forma lógica los sentimientos: “Yo sé que papá me quiere y si me quiere, no me haría esto”. Luego está la segunda parte de la madre, claro: “Papá nunca nos ha querido” (una frase que #SuMadreQueSoyYo repite sin descanso y que merece un peritaje), pero el día a día le hace ver que sí, que papá no solo la quiere con locura, sino que es lo más importante para él.

 

  • Yo no lo recuerdo: Yo siempre le digo que no lo recuerdo, pero que sé que papá no podría hacer eso porque la quiere más que a nada en el mundo. Este es un mensaje que yo le repito mucho: que la quiere mucho, que va a estar siempre ahí, que la va a cuidar siempre, que siempre vamos a estar aquí para ayudarla… Quiero que se sienta querida y sienta, sobre todo,  confianza y seguridad.

 

A nosotros esta fórmula nos ha funcionado mejor porque, en primer lugar, le damos una respuesta para que ella se tranquilice; en segundo lugar, lo hacemos sin “atacar” a su madre, algo que hace que ella no se sienta más incómoda todavía; y por último, conseguimos contrarrestar y amortiguar el daño causado. Además, jamás le mentimos y cumplimos todas las promesas que le hacemos para reforzar ese vínculo de confianza también con nosotros.

También tenemos claro es que, pase lo que pase, no diremos nada malo de mamá, esa es nuestra regla de oro. Eso no quiere decir que aplaudamos sus actos, ni que no le digamos lo que está bien o lo que está mal, pero en casa mamá es una más, aunque se comporte como lo está haciendo.

Perdonad, por tanto, si no respondo como esperáis a los correos, DM, mensajes privados sobre estos temas… pero es que no sé qué contestar ni sé si lo que nosotros hacemos es lo mejor o no y no me siento con valor para dar pautas en estos casos tan delicados. En cualquier caso, si hay algún psicólogo o psicóloga en la sala y quiere darnos unos consejos, los compartiré encantadísima. ¡Gracias de antemano!