Permitidme que hoy me salga de mi temática habitual para contaros una experiencia que creo que es importante, o al menos curiosa: mi experiencia con los cereales Blevit (que pueden ser Blevit o cualquiera que tenga una cantidad indecente de azúcar).

Cuando comencé con la alimentación complementaria lo que más me preocupaba eran los cereales, porque todo lo demás era casero. No había leído mucho sobre el tema, aunque tenía presente la importancia de la cantidad de azúcar.

Al poquito de empezar con la alimentación complementaria, mi hijo comenzó a tener un estreñimiento brutal. Lloraba al hacer caca, se hacía sangre… Vivimos momentos muy complicados con este tema. Yo me agobié tanto que busqué unos cereales con mucha fibra y ahí fue cuando vi: Blevit 8 cereales Súperfibra. Corriendo como voy por la vida, miré el azúcar y vi: 0,5 gramos, lo que me pareció fenomenal ya que ponía que solo tienen los «azúcares naturalmente presentes». Así que los compré mientras miraba con cara de susto los que llevan miel, galletas, cola-cao…

Bueno, pues así hemos estado cuatro meses, dándole cereales, teóricamente bajos en azúcar, para el desayuno y para la cena porque su pediatra me dijo que era importante que le diera también en la cena porque los hidratos son los responsables de no sé qué historia neurológica, así que yo, diligentemente y como mi hijo tiene buen apetito, le daba cereales para la cena.

Así fue creciendo mi hijo, con un percentil 95, y hecho un terremoto. Durante el día no paraba, echaba dos siestas de media hora, se despertaba hasta 20 veces por la noche… En fin, su padre y yo hemos pasado unos meses muy malos. De hecho, siempre decíamos: es tan complicado como precioso (aunque muchas veces preferíamos que no fuera tan precioso).

¿Cuánto azúcar tenían realmente los cereales Blevit?

Pero el otro día, buscando información sobre no sé qué, leí un artículo sobre los azúcares enmascarados que hay en esos cereales industriales que aseguran que solo tienen los «azúcares naturalmente presentes», como es el caso. Investigando más, vi que los cereales que tomaba mi hijo no estaban precisamente en la lista de los más sanos.

Con los agobios propios de una madre primeriza, fui corriendo a ver cuántos azúcares tenían estos cereales y, cuál fue mi sorpresa cuando vi que tenía 28 gramos de azúcares cada 100 g. Entonces, ¿cómo c.ñ. había leído yo 0.5 g? Porque esa era la cantidad de vitamina B1, que estaba en la segunda columna a esa misma altura.

Bueno, probablemente algunas madres primerizas se sentirán identificadas si les digo que empecé a hiperventilar. Me callé, con un sentimiento de culpa tremendo, y sin poderme creer que hubiera pasado por alto ese dato. Me sentía súper culpable, tonta… No comprendía cómo no se me había ocurrido preguntar a mis amigas, por ejemplo. El caso es que no le dije nada a mi chico hasta horas después y él, con su particular visión del mundo, resolvió el tema en un minuto:

-Tengo un disgusto tremendo. Los cereales del niño, que en teoría eran sin azúcares añadidos, tienen 28 g cada 100!!

-¿Eso es mucho?

-Hombre, casi un 30%, ¿te parece poco?

-¿Quieres decirme que están vendiendo algo malísimo para los bebés y que es una de las principales marcas?

No me puse a discutir ese tema con él porque reduce todo al absurdo y paso.

Y con el cambio de los cereales, llegó otro niño

Cambié los cereales ipso facto. Tras hablar con una amiga, compré los de Hero Baby Solo, que tienen 1 gramo cada 100 y comencé a dárselos. También le hago porridge con frutas, que le encanta. Al principio no le gustaban, claro, es como si estás desayunando un helado de Magnum cuatro meses y, de repente te ponen uno casero de frutas. Pero con frutitas ya se lo come entero porque es un tragoncete.

Y con el cambio de los cereales llegó el cambio del niño. Desde el segundo día, la siesta matinal ha pasado de 15-20 minutos a 2 horas y media o tres. Y por las noches sigue despertándose bastante para mamar, pero ha pasado de despertarse unas 15-20 veces a 5. Además, durante el día, sigue estando pesado y demandante, pero mucho más tranquilo.

En fin, no sé si esto ha tenido que ver o ha sido casualidad, pero el caso es que llevamos una semana con un niño totalmente diferente. Ahora mismo, por ejemplo, son las 16.00 h y lleva durmiendo desde las 13.00 h.

Pues eso: si tenéis un niño terremotero, echad un vistacillo a los cereales, por si acaso.