Mi Pequeña Dictadora se ha hecho amiga de la listilla de la urba: una niña rubia de casi ocho años con unas piernas como una araña y con un afán de preguntar que se merece un:

-¡Cállate, niña!

 

Ayer, cuando llegué a casa, me encontré a mi hijastrita y a la amiga repreguntoncilla en el portal de casa. Ambas con el patinete dispuestas a comerse el asfalto de la urbanización. Era la primera vez que la veía. Le pregunté cómo se llamaba, cuántos años tenía… Noté que me miraba de una forma extraña.

Mientras, apoyado en el quicio de la puerta, estaba mi chico, que esperaba pacientemente y con cara de seta a que se pusieran todos los aparejos para salir en patinete con todas las homologadas medidas de seguridad en su sitio.

 

Mis padres están divorciados

Cuando bajé a la urbanización mi chico me contó el percal:

-Tengo que hablar con la niña.
-¿Por qué?
-Porque creo que su amiga quiere saberlo todo.

 

Al parecer, la niña subió a casa y entró en la habitación de mi hijastrita, donde hay muchas fotos de ella con su padre, con sus abuelos, sus primos, conmigo… Y la listilla se dispuso a investigar:

 

-¿Tienes hermanos?
-Sí -dijo mi hijastrita ante la mirada atónita de su padre.
-¿Y cómo se llaman?
-….Eh…
-No, no tiene hermanos… tiene primos -dijo mi chico.
-Ah… ¿y tu mamá?
-…..
-Su mamá vive en otra casa, vivimos en casas diferentes
-¿Y eso por qué?
-Porque estamos separados. Ella tiene dos casas, en una vive con su mamá, y en otra conmigo y con mi novia.
-¿¿¿Tienes novia??? -preguntó extrañada la listilla preguntona.
-Sí
-¿Y por qué vivís separados? A mí no me gustaría nada que mis padres vivieran separados

 

Esto es lo que llamamos discreción y ser oportuna en tus apreciaciones…

 

-Bueno, teníamos formas de pensar diferentes y para ser más felices decidimos vivir separados. Así estamos más contentos y somos más felices los tres.
-No -apostilló mi hijastrita

 

Un solo y escueto: No.

 

La situación era incómoda, tensa y sorprendente por tres razones:

Razón Una:

Para empezar mi hijastrita se inventaba que tenía un hermano, cosa que no me extraña porque su madre, en esa visión fantasiosa y alienadora de su realidad, hace tiempo que le hace creer que su primo hermano (hijo de su hermana) es su hermano.

Razón Dos:

Por primera vez, manifestaba que lo de que tener padres divorciados es un coñazo por mucho que nosotros intentemos explicarlo de forma positiva.

Razón Tres:

Del mismo modo que ante adultos es capaz de explicar que sus padres viven en casas diferentes y que yo soy la novia de su padre, ante sus amigas no era capaz de dejarlo tan claro.

Eso me recordó a aquel día en el que, tras presentarme ante sus amigas como “la novia de papá”, me pidió que no la acompañara más a la pisci.

 

Todo esto me planteó muchas dudas sobre cómo empieza a enfocar la situación, a procesarla; cómo se siente; cómo podemos ayudarla…

 

¿Quién eres tú?

Ahí estábamos ambos, mirándolas dar vueltas con el patinete y procesando la información, cuando se la impertinente listilla preguntona se acercó a nosotros para seguir investigando:

 

-¿Quién eres tú?
-Le dije mi nombre
-¿Pero quién eres de ella?
-La novia de su padre… La pareja de su padre.
-La novia… -dijo mirándome fascinada.
-Claro, a veces algunos papás y mamás viven en casas diferentes y tienen… -me quedé con la palabra en la boca porque se piró.

 

La situación era absurda, pero se tornó más surrealista cuando de repente viene mi hijastrita y me dice:

 

-¿Tú quién eres?

 

Estuve a punto de soltarle: “Pues mira, Sara Montiel. Encantada”.

 

-¿Cómo que quién soy? -le pregunté haciéndole un guiño en la nariz.
-Qué quién eres tú…
-Fulanita -le dije mi nombre
-Claro, ¡es Fulanita! -le dijo a la insoportable e impertinente listilla de la urba.

 

El tema se quedó ahí y siguieron jugando. Por la noche mi chico habló con ella a solas e intentó explicarle positivamente el percal de familia que tiene.

 

-¿Has hablado con ella? -le pregunté al acostarnos.
-Sí…
-¿Y lo ha entendido?
-Sí… lo ha entendido.
-Bueno…
-Y me ha pedido un hermano. Estoy acojonado.

 

Se hizo el silencio. Me di la vuelta y me fui al extremo de la cama. Encaramada al larguero. Pensando que la Pequeña e Impertinente Preguntoncilla de la Urba va a traer cola.

 

Continuará…