La ropa de la niña y todo lo que la rodea es uno de los principales misterios que me he encontrado en mi periplo madrastril. Pero, por lo que he podido descubrir desde que abrí el blog y comencé a charlar con otras madrastras, no es algo exclusivo nuestro, sino que es algo bastante habitual. Esto por un lado me consuela (bien dicen que mal de muchos, consuelo de tontos) y me sirve para echarme unas risas. Pero por otro lado me fastidia porque pensaba que #SuMadreQueSoyYo, al menos, era extravagantemente especial, pero no, veo que es de la especie vulgaris.

Hoy vamos a tratar un tema que no logro entender, un misterio mayor que el misterio de las camisetas interiores. Hablo del Misterio de la Ropa Crecedera.

 

El Gran Misterio de la Ropa Crecedera

El misterio de la ropa crecedera comenzó con cuatro años, cuando un día se presentó en casa con un chándal talla 7-8 (un chándal que, por cierto, me he cargado por lavarlo a 40º. Eso sí, dos años después y encogido, por fin le está como le debe estar).

Todavía recuerdo a Mi Pequeña Mandoncilla correteando por la casa como si fuera una versión mini de Fofito (al mismo tiempo que íbamos detrás de ella acoj… por si se tropezaba con el pantalón, se caía y pasábamos la noche en el calabozo). Su padre y yo no sabíamos qué explicación darle. Recuerdo que lo único que dije fue:

-Pero vamos a ver, ¡que es un chandal del chino de 7 euros dos piezas, no un abrigo de Pili Carrera!

 

Es algo que nunca he entendido (o sobre lo que no quiero pensar, mejor dicho), sobre todo porque la pensión le da para comprar una planta de Zara Kids cada mes.

El caso es que, desde entonces, la ropa crecedera ha ido teniendo cada vez más presencia en los cajones de casa, tanto que por momentos he dudado si estábamos conviviendo con una niña de Infantil o una prepúber. Es más, hemos visto cómo la niña cumplía años y, de una temporada a otra, íbamos quitando vueltas a la manga e íbamos añadiendo bolas a la ropa.

Este misterio, que no pasaría de ser una paletada muy propia de esta especie, no sería tan grande si no fuera porque, al mismo tiempo, sufrimos el misterio opuesto: El misterio de la Ropa Raquítica. 

 

El Misterio de la Ropa Raquítica

Los polos opuestos se atraen y esto es lo único que explica que en los cajones de casa convivan pantalones de chándal de 7-8 con pantalones de chándal de 3-4 en armonía.

Ayer, que hizo un frío importante en Madrid, por ejemplo, la niña se presentó como una Mamachicho, con la tripa al aire, (“Mamachicho” fue lo primero que pensé cuando la vi con una camiseta que ya llevaba cuando la conocí con tres años). He de reconocer que la puesta de dicha camiseta ha salido a un cuarto de peseta (Hipercor tiene calidad), pero todavía no logro entender esa obsesión por guardar en el cajón la ropa en talla y ponerle ropa mucho más grande o, en este caso, ropa mucho más pequeña.

Esto, que es algo que ya pasa con las camisetas interiores, es uno de los grandes misterios que rodean nuestra existencia.

 

Mi teoría de la ropa y las madres custodias

Durante este tiempo he desarrollado una teoría sobre la relación de las madres custodias (del subtipo #SuMadreQueSoyYo) con la ropa. Es algo que no voy a abordar en este post, pero que ya trataré algún día. Pero creo que es importante abordarlo para intentar saber qué pasa por la cabeza de estas señoras para hacer cosas como entregarte a la niña como si fuera La Pequeña Cerillera; o comprarle ropa en el chino tres tallas más grande (que es remotamente imposible que lleguen vivas a quedarle bien); o guardar en un cajón la ropa que le compras en talla hasta que ya no le sirva y entonces comience a ponérsela; o no entregarte, como es su deber, ropa para los peques.

En fin, veremos qué pasa en septiembre cuando los pantalones del chándal le queden pirata tres temporadas antes de lo previsto.

 

Nota: Y vosotros os preguntaréis: "¿Por qué no tiráis la ropa que le está pequeña y punto?" Ajá. No podemos. Tiene un Excel con ropa-marca-talla. Lo tiene todo inventariado. Lo único que falla en ese Excel es quién la ha comprado, que siempre pone que ella.