Hoy muchos niños se han quedado llorando en el cole. La nuestra no… la nuestra ha llegado contentísima y ha boicoteado el show que tenía preparado #SuMadreQueSoyYo. ¡Bravo por ella!

Dejarles en el cole contentos es un alivio. Todavía recuerdo cómo era Segundo de Infantil, cuando se quedaba llorando todos los días… y #SuMadreQueSoyYo reforzaba la llorera. En ese momento era bochornoso, pero visto con la distancia de los años, resulta flipante.

 

Cuando mamá la llevaba al cole

La niña no quería ir al cole, como tantísimos niños, y todos los días se quedaba llorando. Cuando era su madre la que la llevaba al cole, la peque se abrazaba a ella en la puerta y lloraba y lloraba sin consuelo. El profesor le decía a la madre que lo mejor para la niña era que la dejara y se fuera porque, en cuanto se iba, se le pasaba. Pero #SuMadreQueSoyYo se ha caracterizado siempre por hacer lo que le ha salido de la real gana y, desoyendo los consejos del profesor, protagonizaba despedidas eternas dirigidas a demostrar cuánto la quería la niña y lo que le costaba despegarse de ella.

¿Resultado? La niña entraba en clase cuando la clase ya había comenzado, interrumpía, le costaba coger el ritmo…

 

Cuando papá la llevaba al cole

La niña se quedaba también llorando, obviamente, pero en este caso el padre sí seguía los consejos del profesor: la dejaba y se marchaba. Recuerdo que siempre me llamaba después y nada más oírle la voz sabía qué tal había ido. Siempre se iba muy preocupado.

¿Pero qué pasaba después? A los veinte minutos o media hora, cuando ya estaba la niña en clase y totalmente integrada, llegaba #SuMadreQueSoyYo a clase, solo para saludarla (¿?). Hay que destacar que, hasta entonces, había estado oculta tras un matorral viendo cómo llegaba con el padre y entraba en el recinto.

La niña salía de clase, se ponía a llorar diciendo que no quería entrar y que se quería ir con mamá. Y entonces era cuando… ¡tachán!

 

La madre y la hija se tiraban en el suelo llorando desconsoladamente, como en las pelis

 

Esto es verídico y contado por el profesor, que estaba ya absolutamente desesperado con la situación. Porque claro, no hay nada más duro que separar a una madre de su hija, sobre todo porque esta tenga que ir al cole.

Cuando la madre ya había conseguido su objetivo: ver a la niña y, de paso, desestabilizarla y desestabilizar la clase (que probablemente no entrara en su objetivo primario porque ella solo piensa en sus impulsos y apetencias), la niña entraba a clase con el sofoco, interrumpiendo y el profesor tenía que rehacerla para poder retomar la clase.

 

Así pasamos un curso. ¿Qué os parece? Huelga decir que, durante ese curso, los días que #SuMadreQueSoyYo no soportaba separarse de su hija, no la llevaba al cole. Como hasta los seis años la Enseñanza no es obligatoria, no pasaba nada. Las faltas de asistencia fueron tan sangrantes que la Audiencia Provincial insisitió en su sentencia especialmente en este punto y en la responsabilidad y obligación de la madre de llevar a la niña regularmente a clase.

¿Qué os parece el percal? Por eso me encanta que hoy, a pesar del show que tenía preparado #SuMadreQueSoyYo de besos, abrazos, de:

¡Hijamía cuánto tiempo sin verte!
¡Menos mal que ya ves a mamá!
¡Cuánto me has echado de menos, verdad, pequeñina mía, coletitas, mías, naricitas mías!

(porque no le tocaba llevarla y solo estaba ahí para dar la murga, como cada año, y montar su show de Madre Coraje), la niña le haya hecho una peineta, boicoteándole el espectáculo. Eso sí, ya estaba hablando con la nueva profesora, como sabéis una de las concursantes de Gran Hermano Vuelta al Cole, que como auguraba ayer será una a las que intentará poner de su parte.

Como siempre, una vez más: ella era la única madre/padre que se ha quedado allí interrumpiendo la integración de la niña en el grupo y dándole la brasa a la profesora. Pero eso le da igual, lo importante es quedarse satisfecha y tira millas.