Igual que no todas las madres divorciadas son como #SuMadreQueSoyYo y hay muchísimas madres fantastiquísimas, no todos los padres son como mi chico. Hay padres que son un absoluto horror, que no cumplen el régimen de visitas o que se desentienden totalmente de los niños.

Siempre que tengo ocasión digo que una de las cosas que me llevó a seguir con esta relación fue comprobar que mi pareja estaba totalmente volcado en la niña. Es más, de haber percibido que él intentaba escaquearse de sus obligaciones como padre, no habría continuado con esta relación. Tampoco la hubiera continuado de haber visto que manipulaba a la niña o que le hablaba mal de su madre.

Creo que las nuevas parejas no tenemos que dar cobertura a esos comportamientos. No podemos ser cómplices de cualquier acción que esté en contra de garantizar el bienestar del niño y favorecer los vínculos.

3 cosas que no consiento como nueva pareja y que serían motivo de ruptura

Incumplimientos del régimen de visitas

Las visitas son sagradas. Para muchos padres, lamentablemente, las tres horas de los miércoles son la única oportunidad que tienen de ver a sus hijos hasta que llegue el miércoles siguiente. Por lo tanto, incumplir las visitas me parece una falta de responsabilidad y de respeto para los niños. Precisamente estas visitas (tan terriblemente escasas en la mayor parte de las ocasiones) se establecen para intentar que la relación afectiva entre padres e hijos no se vea dañada por el divorcio y la “desaparición” de uno de los progenitores del día a día de los peques.

Por eso, estas visitas no solo son una obligación para el no custodio, generalmente el padre, sino también la única oportunidad que tiene el hijo de ver a su padre hasta siete días después. No realizarlas, sin razón aparente y de forma sistemática, es un acto de irresponsabilidad absolutamente reprochable.

 

Encasquetando, que es gerundio

Cuidar a los hijos no solo es un derecho, sino también un deber y, desde luego, a mí me dice mucho de una persona el comportamiento que tiene con sus hijos. Por eso, lo de encasquetar a los niños con los abuelos de forma sistemática, no va conmigo. Y lo de que me la encasqueten a mí porque sí, ni os cuento (aún no ha ocurrido, por cierto).

Muchas veces me escriben algunas madrastras (generalmente del otro lado del Océano) diciéndome que están agobiadísimas porque son las que se encargan de los niños. Y me cuentan unos panoramas terribles. En la mayor parte de las ocasiones son las nuevas parejas las que se hacen cargo de los hijos en la misma medida que la madre mientras el padre se desentiende totalmente y les exige responsabilidades.

A mí me da mucha pena cada vez que me escriben y  siempre les digo lo mismo: “No sé cómo se dirá en tu país, pero aquí decimos Mándalo a la mierda si puedes”. A veces no pueden. Pues eso, cuidar a los niños no es encasquetárselos a los abuelos o a tu pareja.

También es cierto que cada persona tiene una situación particular. Muchas veces escucho a madres que dicen: “Es que para que los deje con los abuelos, los cuido yo, que soy su madre” (que si les quiero y no como él que prefiere…tracatrá -esto es lo que se deduce del tonito). Decir esto en un país en el que los abuelos son un pilar fundamental y están ayudando a la mayor parte de las parejas a conciliar la vida laboral y la familiar, creo que es una manipulación sibilina y de cara dura. Sobre todo porque, para poder cuidarlos al 100%, es probable que esa señora tuviera que reducir su jornada laboral (a no ser que fuera una superheroína como una amiga mía de Huesca, que no sé cómo se las arregla para hacer todo lo que hace y llegar a todo lo que llega con dos niños y en tacones. No me lo explico. Como no tuviera la compartida, le daría un síncope). El caso, es que, en la mayor parte de las ocasiones, una reducción de jornada implicaría que la otra parte tuviera que pagar más pensión, lo que conllevaría, probablemente, que tuviese más problemas para conciliar y cuidar de sus hijos. Es la pescadilla que se muerde la cola.

Creo que en este sentido tenemos que ser responsables y sensatos. Compatibilizar vida familiar y laboral no siempre es fácil y eso no se puede utilizar como castigo o como argumento para decir que no te puedes hacer cargo de tus hijos. Los abuelos nos ayudan a todos y, quienes no tienen ayuda de los abuelos, tienen alguien que cuida a los niños, o los llevan a una guardería (perdón por usar esta palabra, que el otro día supe que es una palabra con unas connotaciones horribles, pero es que no sé cómo había que llamarla para ser políticamente correcto. Se nos está yendo la perola). Y ninguno de estos padres o madres son peores porque los abuelos recojan a los peques del cole o porque los dejen en la guardería mientras van a trabajar, ¿o sí?

En mi opinión hay que aplicar la sensatez. Si una persona quiere hacerse cargo de su hijo, no podemos llevar todo a sangre y fuego porque entonces nadie superaría la prueba. Otra cosa es que tenga a los abuelos como un comodín y se desentienda. Pero si no, creo que hay que ser flexibles (a no ser que quieras todo para ti y entonces puedes actuar todo lo demagógica, manipuladora y cochinamente que quieras, claro).

Nuestro caso no es este. Mi pareja, a pesar de su puesto de trabajo, ha decidido ser él quien cuide de la niña, ajustando horarios y yendo de cráneo todo el día (ha perfeccionado el don de la ubicuidad y el teletransporte de una forma asombrosa), como la mayoría de la gente. Pero vamos, que si tuviera a alguien para ir a recoger a la peque al cole o lo hicieran los abuelos, tampoco me extrañaría. Igual ganaba en salud. Como decía: sensatez.

 

Manipulación de la niña

Otro motivo que me hubiera llevado a no continuar la relación habría sido percibir que manipulaba a la niña en contra de su madre o que habla mal de la madre delante de la niña. Eso no lo hubiese consentido. Muchas veces digo que, de comportarse mi pareja con su hija y con su ex como me consta se comporta #SuMadreQueSoyYo con la niña y con él, habría salido despavorida porque lo hubiese considerado un maltratador.

En mi opinión, manipular a un menor en contra de su padre o de su madre es una forma de maltrato; y tener que hacerle escuchar lo que opinas de su padre o de su madre (ya sean insultos directos o no), también. Para maltratar a alguien no es necesario pegarle ni agredirle físicamente, basta con decir cosas que le duelen y pueden dañarle. Se llama maltrato psicológico y, a pesar de que lo tenemos tan aceptado en ámbitos como el colegio, cuando hablamos de bullying; o en el trabajo, cuando hablamos de mobbing; o en el ámbito de la pareja; parece ser que no lo vemos en este caso. Pues sí, es una forma de maltrato y vivo cada día las consecuencias que este comportamiento tiene en un menor.

Probablemente, tras ese maltrato se esconda una forma no adecuada de querer, como se esconde tras las relaciones sentimentales en las que cuestiones como los celos o la falsa creencia de posesión te llevan a maltratar, consciente o inconscientemente al otro. Pero eso no significa que deba aceptarse, que no deba denunciarse o que, por ser de la naturaleza que es, deba aceptarse.

No tengo ninguna duda que, de haber escuchado de boca de mi pareja una décima parte de lo que la peque nos ha dicho que escucha o de lo que yo misma he visto y oído por parte de la madre, habría dejado esta relación sin dudar. De hecho, siempre digo que mi pareja es ejemplar en este sentido y no siempre es fácil porque  a veces estás al límite, pero ahí entra en juego la madurez y la responsabilidad.

 

Mamadrastras y Papadrastros: mano dura

En definitiva, estas son las dos cosas que yo no habría permitido en mi relación. Obviamente, cada pareja es un mundo y, a veces, las parejas se convierten en cómplices de situaciones muy dolorosas para los peques. Yo, desde luego, no consiento esas actitudes. Si estoy aquí denunciando lo que denuncio es precisamente por este motivo. Y si estoy defendiendo a capa y espada nuestra postura es porque creo que, en ese sentido, no hay fisuras en el comportamiento de mi pareja a este respecto.

Espero que, si eres una segunda pareja (hombre o mujer) y ves estos tres comportamientos, los afees (al menos los afees), pero no seas cómplice. Gracias.