Muchas “novias de papá” o madrastras me escriben por privado y me cuentan sus cosas (a mí me encanta leerlas y charlar con ellas), y uno de los patrones que se repite en muchas de ellas es el sentimiento de culpabilidad.

Se sienten culpables cuando hacen las cosas mal, se sienten culpables por si no llegan a hacer las cosas como el niño espera; se sienten culpables porque no quieren pecar de usurpadoras y van con el pie echado… Se sienten culpables, en definitiva, por muchas cosas.

Después de leerlo varias veces me paré a pensar si yo me sentía culpable, y me di cuenta que no. Estuve a punto de sentirme culpable por no sentirme culpable, pero enseguida deseché esa posibilidad. Es cierto que yo me tomo esto con mucha naturalidad y de una forma  muy pragmática. Intento no echarme más peso encima del que ya lleva mi rol y, sobre todo, intento no tomarme las cosas a la tremenda. Eso no quita que haya momentos duros o momentos en los que me sienta triste porque, cuando eres madrastra ocurre lo que en la casa de Gran Hermano: las emociones se magnifican. Pero es importante darle a cada cosa la importancia justa.

Razones por las que no tengo sentimiento de culpabilidad

Hago las cosas de la mejor forma que sé

Creo que esta es una de las claves. Estoy convencida que haré muchas cosas mal. A veces las detecto, otras no, pero no me doy latigazos porque, lo haga bien o lo haga mal, lo hago lo mejor que sé. Desde que conocí a mi Coquetina he intentado sacar lo mejor de mí: me he esforzado, he aprendido a perdonar, he aprendido a ser más paciente, he aprendido a dar besos sin parar… He aprendido muchas cosas. En el camino me he dado muchos golpes, como cualquiera que está aprendiendo, pero siempre he intentado hacerlo bien: poniendo por delante los intereses de la peque, la relación de mi chico con ella; y el bienestar de los tres.

Sé perdonarme

Por las razones que acabo de comentar, no me flagelo cuando algo sale mal. Intento analizarlo y aprender. Me perdono en dos segundos porque sé que lo que hago lo hago pensando que es lo mejor o que lo estoy haciendo de la mejor forma que sé o que puedo o que quiero en ese momento.

Madrastra con la letra L

Ser madrastra antes que madre hace que tengas que aprender a pasos agigantados y desde la perspectiva menos agradable. Si cualquier madre o padre tiene que aprender a convivir con su hijo, a cuidarlo, a convivir consigo mismo y con su pareja teniendo en cuenta las necesidades y los problemas que implica tener un peque, imagínate si no tienes esa experiencia previa, si el niño no es tuyo, si todavía hay un campo de batalla con el divorcio…

Ser madrastra novata es más duro cuando no tienes hijos propios previamente porque estás totalmente despistada y todo te parece un mundo, pero como todos, tienes que aprender. ¿Creéis que nuestras madres y nuestros padres no aprendieron a serlo? ¿Acaso creéis que nacieron enseñados? Aprendieron, se equivocaron, rectificaron, pero lo hicieron lo mejor que supieron.

Así que yo me dejo espacio. Todavía llevo la L puesta.

Somos una familia reconstituida

Para mí el concepto “familia” es muy importante. Siempre he valorado mucho mi familia, aunque ahora me doy cuenta que en muchas ocasiones no lo he hecho como se merecían. Es lo que pasa cuando perteneces en una familia en el que todo te lo han puesto fácil, como me ha pasado a mí.

Ahora tengo la sensación de que mi chico y yo estamos formando una familia, una familia particular (familia reconstituida según los términos oficiales) y “reconstituir” significa volver a construir (con lo que traes en la mochila) y eso no es fácil.

Por eso nosotros tratamos de tener paciencia, entender al otro, ponernos en su lugar y seguir reconstruyendo. En nuestra familia todos tenemos el mismo estatus. Todos somos igual de importantes. Los sentimientos de la peque son igual de importantes que los nuestros; intentamos entenderlos igual que intentamos entender los nuestros y seguir reconstruyendo.

 

Como veis, crear una familia reconstituida y ser madrastra novata no es fácil por lo que es importante que no seamos demasiado duras con nosotras mismas. También es importante el apoyo de nuestra pareja (yo tengo una suerte brutal porque mi pareja es un hombre maravilloso). Por eso creo que es vital que dejemos a un lado el sentimiento de culpabilidad.

Tenemos que sentirnos culpables cuando hacemos algo mal a propósito, pero no si lo que hay detrás es una buena intención y un proceso de aprendizaje, tenemos que sentirnos orgullosas de estar mejorando. Sinceramente, creo que si apartamos la culpa, dejaremos espacio a otros sentimientos más positivos que nos harán afrontar este rol mucho mejor.