Hoy ha vuelto a llevar a la niña al médico. Hoy ha vuelto a hacerlo con mentiras. A escondidas. De tapadillo. Diciendo una cosa y haciendo otra. Lo ha vuelto a hacer, como lo hace siempre, según su voluntad. Mintiendo, mintiendo, mintiendo.

Hoy hemos vuelto a comprobar que carece de escrúpulos y he vuelto a sentir miedo al ver que no importa lo que le diga un juez, lo que ponga en una sentencia, lo que le aconsejen… no importa nada. Solo importa lo que ella crea y lo que ella quiera. Contra todos, contra todo y a pesar de todo.

Hoy mi pareja ha vuelto a exigir informes médicos que no llegarán jamás, que no sabemos siquiera si existen porque no sabemos si quiera si lo que le ha dicho es verdad.

Hoy he vuelto a sentir ese desamparo y ese vértigo que da saber que estamos ante alguien que no responde a nada. Porque sí, no hay mayor vértigo ni mayor miedo que pensar que la persona que hay al otro lado no responde: no responde a la ley, no responde a la cordura, no aprende de sus errores, no acepta que lo ha hecho mal, sino que, como un autómata, sigue hacia adelante, llevándose a su paso lo que sea, incluso a su hija. Sin sentimientos, solo con un objetivo: destruir, separar, eliminar.

¿Os habéis preguntado alguna vez para qué sirve una sentencia? Para nada. Una sentencia es solo un papel firmado y sellado que no tiene mayor valor si las partes no tienen intención de cumplirlo.

Nuestra sentencia no tiene valor. No importa lo que diga. No importa lo que se añada. No importa lo que regule. No importa nada porque para una de las partes es papel mojado, porque hay una de las partes que no tiene voluntad de cumplirla. Y en todo esto, más que sentencias o acuerdos, lo que importa es la voluntad. Y cada vez tengo más claro que nosotros no podemos hacer nada porque la otra parte no tiene voluntad de cumplirlo.

¿Alguna vez os habéis planteado hasta dónde puede llegar una persona para la que la palabra de un juez no tiene ningún valor? A veces pienso que si un juez me dijera lo que tengo que hacer no se me ocurriría hacer lo contrario. Respetaría esa orden me gustase más o me gustase menos porque me lo dice un juez. Pero cuando una persona no respeta la voluntad de un juez el miedo que te entra es terrible porque sabes que, más allá de eso, no hay nada. Y una vez pase ese límite, no habrá nada que la frene.

Esta mañana nos hemos levantado haciendo planes para hoy. Contentos. Nos ha durado dos horas. Todavía no sabemos si esta tarde podremos ver a la niña. ¿Lo bueno? Que no es nuevo, solo es un día más. Siempre es así. ¿Lo malo? Que no es nuevo, solo es un día más. Siempre es así.